¡Klk con la vaina! La cosa se puso medio tensa por estos lares tras un sismo de magnitud 7.1 que sacudió las costas de Venezuela y se sintió hasta aquí, dejando a más de uno con los nervios de punta. De una vez, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) activó una Alerta de Tsunami para nuestra costa sur, un llamado a estar pilas y no ‘darse el bote’ con la seguridad. No es para que nos volvamos locos, pero sí para actuar con cabeza y seguir las instrucciones, porque la vida es lo primero, mi gente.
Ante este panorama, el COE, con su ‘tigueraje’ habitual en la prevención, ha sido claro: si usted vive cerca de la playa o está de coro en alguna zona costera, lo más sensato es ‘coger la loma’. Esto significa buscar refugio en lugares altos, preferiblemente a 20 metros sobre el nivel del mar o adentrarse al menos dos kilómetros tierra adentro. Esta medida no es un relajo, es la que puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia, ya que el agua, cuando viene, no pide permiso.
También se hizo un llamado urgente a los dueños de ‘yolas’ y pequeñas embarcaciones: ¡nada de zarpar! Las horas posteriores a un evento sísmico como este pueden generar corrientes oceánicas fuertísimas, que son como un torbellino en el mar y pueden convertir una faena de pesca en un peligroso viaje sin retorno. La seguridad de nuestros pescadores y marinos es primordial, así que lo mejor es dejar las ‘guaguas’ del mar tranquilas en sus puertos hasta nuevo aviso.
Y ojo con los ríos, estuarios y lagunas costeras, porque la onda de un tsunami no se queda solo en la orilla. Estas pueden penetrar por esos cuerpos de agua, extendiendo su alcance y llegando a zonas que uno ni se imagina, tierra adentro. Es vital entender que el peligro no se limita a la primera línea de playa, sino que puede extenderse a través de nuestras vías fluviales, que en este país son un viaje de muchas.
Los efectos de un tsunami varían un ‘montón’ según la geografía costera. No es lo mismo una playa abierta que una protegida por arrecifes. Factores como la profundidad y el terreno influyen en cómo ‘la ola’ se manifiesta, haciendo que cada localidad de nuestra costa sur tenga una respuesta diferente.
En estos momentos, el COE insiste: ¡cero ‘tigueraje’ con la desinformación! Solo los canales oficiales son ‘la fuente’ para mantenerse ‘alante’. Olvídense de cadenas de WhatsApp; los rumores solo crean confusión y un ‘coro’ de miedo innecesario, afectando la paz mental, que es vital en cualquier emergencia.
Nuestra ‘isla del encanto’, al estar en el corazón del Caribe, es zona sísmicamente activa. Temblor y alerta son parte de nuestra realidad. Por eso, la prevención, mi gente, no es un gasto, sino una inversión en tranquilidad. A estar atentos y a ‘hacerle caso’ a los expertos para que todo esté de lo más bien.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



