¡Klk, mi gente! Nos tiene de lo más contentos ver cómo el Ministerio de la Mujer y la Junta Central Electoral se unieron para rendirle un tributo a una de nuestras ‘tigueras’ más grandes: Abigail Mejía Solière. En el mismísimo Panteón de la Patria, donde descansan los restos de esta mujer excepcional desde el año pasado, se llevó a cabo una ofrenda floral que marca el inicio de una jornada nacional por el Día de las Sufragistas. Es una ‘vaina’ bacana recordar que gracias al trabajo arduo de mujeres como ella, hoy día todas las dominicanas podemos ejercer nuestro derecho al voto, un legado que transformó para siempre nuestra democracia.
Antes de que estas ‘mujeres bravas’ se levantaran, la participación femenina en la política dominicana era casi nula, replicando una realidad presente en un viaje de países por el mundo. Imagínense la valentía y el ‘tigueraje’ que se necesitaba para, en una época donde la voz de la mujer estaba mayormente confinada al hogar, salir a las calles y exigir lo que por justicia les correspondía: ser ciudadanas plenas. No era poca cosa desafiar las normas sociales y las estructuras de poder de ese entonces, que estaban bien afincadas en el machismo. Este movimiento fue la culminación de años de tertulias, publicaciones y activismo que comenzó a calar en la conciencia colectiva.
Abigail Mejía no era una mujer cualquiera; fue una escritora, educadora y una figura intelectual de peso. Su famoso ‘voto de ensayo’ en 1934 no fue un simple evento, sino una demostración contundente de la capacidad y el deseo de las mujeres dominicanas de participar en la vida política. Fue una estrategia ‘chula’ para presionar y mostrarle al ‘status quo’ que el cambio era inminente, que las mujeres estaban listas para votar y ser votadas. Ella no solo luchaba por el voto, sino que abogaba por una educación más inclusiva y por el reconocimiento del valor de la mujer en todas las esferas de la sociedad, buscando una igualdad integral.
Que el 16 de mayo haya sido declarado el Día Nacional de las Sufragistas mediante el Decreto 132-23 del presidente Luis Abinader, es un acto de justicia histórica que ‘está de lo más bien’. Ese día de 1942, cuando las dominicanas ejercieron el voto por primera vez, fue un hito que redefinió nuestra nación. Es fundamental que las nuevas generaciones entiendan que ese derecho no fue regalado; fue el fruto de una lucha incansable, de sacrificios personales y de una convicción inquebrantable en la igualdad. El Ministerio de la Mujer, en su rol de custodio de esta memoria, tiene el compromiso de asegurarse de que esta ‘historia bacana’ no se olvide.
Pero no solo Abigail Mejía cargó con esta bandera; hubo un coro de mujeres valientes que se sumaron a la causa. Nombres como Petronila Angélica Gómez, la maestra Ercilia Pepín, Celeste Woss y Gil, Delia Weber, Minerva Bernardino y Aída Cartagena Portalatín, entre otras, fueron pilares de este movimiento. Cada una, desde su trinchera, aportó a esta lucha con la pluma, la educación, el arte o la acción directa. El ‘tigueraje’ de estas mujeres colectivamente fue lo que finalmente rompió las barreras y permitió que el derecho a la ciudadanía política se hiciera una realidad para todas las dominicanas. Su visión era clara: una democracia no podía ser plena si la mitad de su población estaba marginada.
El impacto de estas sufragistas se siente hasta el día de hoy. Gracias a ellas, vemos a mujeres en posiciones de liderazgo en el gobierno, la empresa privada, la academia y todos los rincones de nuestra sociedad. Su ‘chercha’ por el voto abrió la puerta a un sinfín de oportunidades y a una mayor equidad. Honrar su memoria no es solo hacer una ofrenda floral, es comprometerse a seguir fortaleciendo la participación femenina y a asegurar que las nuevas generaciones de mujeres dominicanas sigan construyendo sobre ese cimiento tan sólido que ellas dejaron. Es un recordatorio de que la lucha por la igualdad es continua y que el trabajo de hoy se convierte en el ‘legado’ de mañana.
Las actividades programadas, como la develación de una tarja, la entrega simbólica de cédulas póstumas y la Ruta de las Sufragistas por la Ciudad Colonial, son una forma ‘jevi’ de mantener viva esa memoria. Es vital que estas historias se cuenten y se vivan, para que el esfuerzo de Abigail Mejía y sus compañeras no quede en el olvido. Así que, ‘de una vez’, sigamos apoyando estas iniciativas que nos conectan con nuestras raíces y nos recuerdan el poder transformador de la lucha por la justicia y la igualdad. ¡Qué ‘vaina’ más grande!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



