¡Klk, mi gente! Aquí estamos, dándole seguimiento a una ‘vaina’ que a todos nos interesa: ¿dónde está el verdadero ‘chelito’ de la economía dominicana? Pues, según el Banco Central, la cosa está clara: el 55.5% del PIB dominicano se cuece entre el Gran Santo Domingo (Ozama) y el Cibao Norte (Santiago, Puerto Plata y Espaillat). Eso significa que de cada US$100 que se producen en el país, más de la mitad se genera en estas zonas, que en 2025 llegaron a la suma jevi de US$70,963.1 millones. ¡Un viaje de cuartos, asegurado!
Estas regiones no están de lo más bien por casualidad, no. La concentración del ‘tigueraje’ económico ahí se debe a una mezcla potente de sectores. En el Gran Santo Domingo, por ejemplo, los sectores industrial, construcción y comercio son un ‘bacano’ motor. Mientras, en el Cibao Norte, aunque también tienen su fuerte industrial, el turismo en Puerto Plata y la actividad comercial de Santiago le dan un empuje brutal. Es una sinergia que ha mantenido a estas zonas en la cima, produciendo el 40.4% solo en el Gran Santo Domingo, y un 15.1% adicional en el ‘coro’ del Cibao Norte.
Pero, ¿qué significa esto para el dominicano de a pie, más allá de los números grandes? Pues, que la producción per cápita, o sea, los ‘cuartos’ que le tocan a cada cabeza si dividimos el PIB entre la población, es mucho mayor en estas zonas líderes. Mientras el PIB per cápita nacional cerró en US$11,753.8 en 2025, regiones como Cibao Sur y Ozama lideraban en pesos con RD$541,702 y RD$506,509 respectivamente. En contraste, provincias como las de Enriquillo o El Valle se quedan bien por debajo, lo que muestra una disparidad que nos hace reflexionar sobre la necesidad de un desarrollo más equitativo.
La ‘chercha’ de la economía no solo se ve en la cantidad de ‘plata’, sino en cómo cada región se especializa. La Altagracia, La Romana y El Seibo (región Yuma) son un ‘vacilón’ turístico, con su alta dependencia de hoteles, bares y restaurantes. Por otro lado, Cibao Sur y Cibao Noroeste tienen una incidencia mayor del sector agropecuario, que es su pulmón económico. Mientras tanto, Ozama, Cibao Norte y Valdesia siguen ‘dándole pa’lante’ con la manufactura. Cada cual con su estilo, pero con Ozama y Cibao Norte marcando la pauta.
Es interesante ver cómo en los últimos cinco años, desde 2020, el PIB per cápita ha dado un salto ‘tremendo’, pasando de US$7,511.3 a US$11,753.8, un aumento de un 56.5%. Y no es para menos, si en 2022 la economía dominicana rompió la barrera de los US$100,000 millones. Esto demuestra que, a pesar de los desafíos, la economía dominicana sigue creciendo, aunque como decimos, la ‘guagua’ no va para el mismo sitio con todos los pasajeros en igualdad de condiciones.
La centralización económica es una realidad que consultoras como Despradel y Asociados han resaltado. No es un secreto que la mayoría de los servicios, la actividad financiera, el comercio y la administración pública se concentran en el Gran Santo Domingo. Esto deja al resto del territorio con solo un 60% de la actividad económica total. Es una vaina que nos reta a buscar estrategias para que la prosperidad llegue a cada rincón del país y no solo se quede en las grandes urbes.
Durante el periodo 2023-2024, algunas actividades cobraron más importancia: hoteles, bares y restaurantes; la intermediación financiera y la agropecuaria. Esto es un buen indicio de diversificación, pero aún con cambios como estos, la concentración en Ozama (40.4%) y Cibao Norte (15.1%) sigue siendo palpable. Valdesia y Yuma fueron las que más aumentaron su participación interanual, lo que indica un movimiento y quizás una señal de futuras distribuciones, aunque la diferencia sigue siendo ‘un mundo’.
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