El alcalde de Santo Domingo Oeste, Francisco Peña, ha vuelto a armar un ‘coro’ de los grandes con su más reciente ‘vaina’: una solicitud para viajar sin pedir permiso cada vez a los regidores. Esta situación ha puesto el ‘tigueraje’ en alerta, cuestionando si la medida es un ‘privilegio’ o administrativa. Apegándose a la Ley 176-07, la normativa establece que los alcaldes deben obtener autorización del Concejo para ausentarse del país. Este ‘teteo’ burocrático, según críticos, busca eludir la fiscalización de sus viajes, una ‘chercha’ que no ha pasado desapercibida.
Este no es el primer ‘lío’ que envuelve a Francisco Peña por su peculiar forma de comunicar y gestionar. El alcalde se ha ganado la fama de ser un político que no se ‘aprieta’ a la hora de decir lo que piensa. Su estilo directo lo ha mantenido constantemente en el candelero. Sus promesas, como convertir su demarcación en ‘el municipio más limpio de la bolita del mundo entero’, contrastan con sus duras palabras dirigidas a quienes tiran basura, calificándolos de ‘hiju’e’puta’, o a quienes critican el cobro por la recogida, aseverando que ‘la gente habla mucha mierda’. Esta manera de hablar, aunque genera controversia, resuena con una parte de la población que valora la franqueza.
Una de las propuestas que más ‘boca de jarro’ causó fue su idea de integrar a ‘delincuentes’ al Ayuntamiento. Peña, con su particular visión, sugirió ‘darles sus picos y sus palas para que trabajen’, intentando alejarlos de la vida delictiva. Esta iniciativa, aunque con intención social, levantó un viaje de críticas sobre la idoneidad de emplear personas con antecedentes en la administración pública. La controversia puso de manifiesto el debate sobre soluciones a la delincuencia y el papel de gobiernos locales en programas de rehabilitación.
Incluso la gestión de la basura, un dolor de cabeza constante en el Gran Santo Domingo, ha sido motivo de declaraciones impactantes. En una ocasión, justificó el retiro de contenedores alegando haber encontrado ‘piernas de gente humana, perros muertos, animales y de todo’ dentro de ellos. Esta afirmación, tan cruda como impactante, pintó un cuadro sombrío de la situación sanitaria y la falta de civismo, al mismo tiempo que provocó incredulidad y debate. Es una ‘vaina’ que no deja indiferente a nadie y demuestra su enfoque sin tapujos ante los problemas del municipio.
El estilo de comunicación de Francisco Peña, que mezcla la jerga ‘del patio’ con afirmaciones contundentes, es un fenómeno a analizar en la política dominicana. Mientras algunos lo ven como un ‘bacano’ que habla claro y sin filtros, conectando con el sentir popular, otros lo consideran una ‘falta de respeto’ al decoro de una figura pública. Su autenticidad, aunque ruda, genera un ‘coro’ constante y asegura que el alcalde siga siendo tema de conversación. Este ‘tigueraje’ mediático, si bien polémico, contribuye a mantener su figura en el mapa político nacional.
La Ley 176-07 es clara en sus mecanismos de control y fiscalización. La búsqueda de un permiso general para viajar, aunque defendida por Peña como un procedimiento preexistente, entra en conflicto con el espíritu de transparencia y rendición de cuentas. Este pulso entre el ejecutivo municipal y el concejo edilicio es una ‘vainita’ común en la política dominicana, donde autonomía y supervisión a menudo chocan, dejando al ciudadano común preguntándose ‘qué es lo que hay’ y cómo impactan estas decisiones la gobernabilidad de su comunidad.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



