La gerente general del Consejo Nacional de Seguridad Social (CNSS), Aura Celeste Fernández, ha soltado una ‘bomba’ en la Semana de la Seguridad Social 2026, ¡y es una ‘vaina’ de lo más importante! Está proponiendo reformar el Plan Básico de Salud, o ‘el seguro’, como le decimos, para que se ponga al día con la realidad actual del país. Esto incluye que se le meta mano a la salud mental, se le dé cara a las enfermedades crónicas como un derecho garantizado, y se asegure que la atención médica sea de calidad para todo el mundo, sin importar de qué régimen sean.
La Ley 87-01, que creó nuestro sistema de seguridad social, cumple 25 años y el país necesita ponerse las pilas con problemáticas como la alta informalidad laboral y la falta de protección para nuestros adultos mayores que nunca pudieron cotizar. Esto no es relajo; el envejecimiento poblacional y el aumento de enfermedades crónicas exigen un catálogo de servicios más ‘jevi’ y a la medida de lo que la gente realmente necesita hoy día.
Como ella misma dijo, la seguridad social es la ‘chercha’ de una sociedad que decide cuidar al enfermo, apoyar al anciano y proteger al que se ‘faja’ día tras día. Es un compromiso colectivo que trasciende las diferencias y busca la dignidad humana en momentos de vulnerabilidad, una filosofía que debemos fortalecer frente a los desafíos modernos.
Antes de la Ley 87-01, la protección social era un privilegio de pocos, ¡un ‘tigueraje’ que ahora beneficia a más de cuatro millones de personas mediante el Seguro Familiar de Salud! Esta ley marcó un antes y un después con la implementación del régimen subsidiado en 2002, el contributivo en 2007, los subsidios por maternidad y enfermedad común, y las ampliaciones para medicamentos de alto costo, tratamientos oncológicos y trasplantes renales. Es un avance ‘bacano’, pero aún queda trecho para cubrir a todos con la misma calidad.
El gran talón de Aquiles sigue siendo la informalidad laboral, ¡un lastre que afecta a más del 50% de nuestra fuerza laboral mayor de 15 años! Decir informalidad es decir trabajadores sin protección social, sin la garantía de un seguro cuando les llega ‘la vaina’ de una enfermedad o un accidente. Resolver este problema estructural requiere un ‘coro’ de voluntad política y social, no solo del gobierno, sino de toda la sociedad dominicana.
Entre las ideas que se están cocinando está elevar la pensión mínima y ajustarla al costo de la vida para que nuestros viejitos no pasen trabajo, reconocer el tiempo dedicado al cuidado de los hijos como parte del historial contributivo, y extender la protección a sectores vulnerables como los trabajadores domésticos y los de plataformas digitales, quienes hoy día están prácticamente desamparados. La idea es que la calidad de la atención en salud no dependa del régimen al que pertenece quien la necesita, porque ‘ante la enfermedad, la dignidad no tiene categorías’.
La hoja de ruta para esta reforma ya está sobre la mesa, y requiere que legisladores y todos los sectores de la vida nacional se pongan de acuerdo y se comprometan para fortalecer los cimientos de nuestro sistema. Es hora de que nos metamos de lleno en esta discusión para que el futuro de la seguridad social sea más equitativo y protector para todos nuestros dominicanos.
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