¡Ay, qué ‘vaina’ con nuestra gente! Lo que comenzó como una buena acción del Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN) para mejorar la movilidad en la avenida Tiradentes, quitando unos barrotes que estorbaban, ha terminado en un tremendo dolor de cabeza. Apenas se quitaron esos obstáculos, y ya tenemos el mismo relajo de siempre: un viaje de motoristas invaden aceras como si fuera una pista de carreras exclusiva para ellos. ¡Es el colmo!
La historia es de nunca acabar. A raíz de una denuncia de Somos Pueblo, el ADN movió ficha, y ‘de una vez’ se llevaron los tubos. La idea era bacana, darle chance a las personas en sillas de ruedas y a todo el que anduviera a pie. Pero, ¿adivina qué? Esa medida que buscaba liberar el paso, ha dejado la puerta abierta para que el ‘tigueraje’ de los motores se adueñe del espacio peatonal, especialmente frente a lo que era el edificio de los antiguos. Los transeúntes están ‘volando’ del susto, porque no hay quien les ponga el freno a esos conductores que se creen dueños de la calle, la acera y hasta el aire.
Y aquí viene la parte que nos da más pique. La comunidad no solo denuncia la invasión de los motoristas, sino que también pone en evidencia la ‘hipocresía’ de algunas autoridades. Nos llega el testimonio de un padre que, con su hijo en silla de ruedas, suelta la verdad: ‘Sí, quitaron los tubos por la presión de la gente, ¿pero y las rampas?’. A la vuelta de la esquina, en la intersección con la Gustavo Mejía Ricart, ¡ni rastro de rampas de acceso! O sea, la vaina no es solo quitar, es construir. Las barreras arquitectónicas siguen siendo un viacrucis en casi cada esquina de la ciudad, haciendo la vida ‘un lío’ para quienes tienen derecho a una movilidad digna.
Esta situación en la Tiradentes es un reflejo de un problema más profundo en nuestra cultura vial. El respeto al peatón muchas veces brilla por su ausencia, y la ‘chercha’ de ‘vamos a pasar por aquí’ sin importar a quién se arrase, es una constante. No se trata solo de un punto específico; es una mentalidad de ‘sálvese quien pueda’ que pone en peligro a nuestros ciudadanos más vulnerables: los niños, los envejecientes y, claro está, quienes dependen de sillas de ruedas. La falta de presencia policial o de agentes de la DIGESETT en puntos críticos solo agrava el relajo, dejando a los peatones a la buena de Dios.
Por eso, el llamado es claro y fuerte: ¡DIGESETT, pónganle la mano a esta situación! No podemos permitir que las aceras, que son para caminar, se conviertan en autopistas para motos. Apliquen el régimen de consecuencias que dice la ley, que para eso está. Y a la Alcaldía, que no se quede en medias tintas; la solución no es un ‘parchito’. Queremos infraestructura que cumpla con los estándares de accesibilidad universal, rampas de verdad, aceras libres y seguras. Que el derecho a la movilidad sea una realidad para todos, no una ‘medidita’ para salir del paso. Es hora de dejar el ‘relajo’ y buscar soluciones duraderas para el bienestar de nuestra gente.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



