¡Qué vaina más chula! Samaná, nuestra joya del nordeste, ha sido el escenario de un taller internacional de capacitación que está subiendo el nivel en conservación ballenera. Auspiciado por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) y dirigido por el viceministro José Ramón Reyes, este encuentro reunió a biólogos marinos y especialistas para proteger y estudiar a nuestras majestuosas ballenas jorobadas. Es un paso tremendo para el futuro de estos cetáceos, vitales para nuestro ecosistema y turismo, reafirmando el compromiso de República Dominicana, albergue clave para su reproducción, con la biodiversidad mundial y el manejo sostenible.
Este coro de alto calibre no fue cosa de dos. Además de la CBI, se unieron al mambo el PNUD, el CEBSE y la fundación ECO-BAHÍA. ¡Un viaje de voluntarios locales e internacionales también se puso las pilas! Este tigueraje colaborativo es clave, porque la protección de las ballenas es un esfuerzo colectivo que involucra a la comunidad, instituciones y el ‘tigueraje’ científico. Es bacano ver cómo tanta gente se une por una misma causa, aportando conocimientos y pasión para que la zona costera de Samaná siga siendo un paraíso.
No es un secreto para nadie que República Dominicana tiene un privilegio de los grandes: somos uno de los principales destinos de reproducción de las ballenas jorobadas del Atlántico Norte. Cada año, entre enero y marzo, miles de estas criaturas viajan desde las frías aguas hasta las cálidas bahías de Samaná para aparearse y dar a luz. Este espectáculo natural atrae a miles de turistas, generando buen dinerito para la economía local y posicionándonos como destino ecoturístico de primer nivel. Asegún los expertos, esta migración es una de las más largas de cualquier mamífero, ¡una travesía que da de qué hablar! Este fenómeno no solo es jevi de ver, sino que nos carga de una gran responsabilidad en su conservación, impactando directamente en la biodiversidad marina y el sustento de muchas familias.
Los cerebritos detrás de este taller fueron Astrid Frisch y Jarel Beets, biólogos marinos de la CBI que trajeron consigo un ‘montón’ de conocimientos y experiencias. Ellos compartieron las mejores prácticas para el monitoreo, la investigación y la protección de las ballenas jorobadas, incluyendo técnicas avanzadas para identificar individuos y entender sus patrones de comportamiento. Para los participantes, esto significa tener herramientas más sólidas para su trabajo, ya sea como guías de turismo responsable, investigadores o ciudadanos conscientes. Este tipo de capacitación es fundamental para que el ‘tigueraje’ local esté alante y pueda enfrentar desafíos como evitar colisiones de embarcaciones y reducir la contaminación sonora.
En definitiva, este taller en Samaná es una prueba de que, cuando nos juntamos, podemos lograr grandes cosas por nuestro patrimonio natural. Fortalecer las capacidades locales no solo beneficia a las ballenas, sino que eleva la calidad del turismo y proyecta una imagen de país responsable y comprometido con el medio ambiente. Es un orgullo ver cómo nuestra gente se involucra, demostrando que somos más que playas bonitas; somos guardianes de una biodiversidad única en el Caribe. Este paso es un gran aporte a la visión de una República Dominicana líder en ecoturismo y en la protección de sus recursos naturales, asegurando que las futuras generaciones también puedan disfrutar de este espectáculo sin igual. ¡La vaina está de lo más bien!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




