¡Ay, mi gente! La industria de la Inteligencia Artificial está en un aprieto, y no es poca cosa. Imagínense que hasta Google, que uno cree que lo tiene todo, está teniendo que ‘apretar el grifo’ y racionar el acceso a su potente modelo Gemini. ¿Y quiénes son las primeras víctimas de esta ‘vaina’? Nada más y nada menos que Meta y otros clientes de alto perfil, que se han quedado con las ganas de más capacidad de cómputo para sus proyectos de IA. Esto es un claro indicio de que la demanda está superando con creces la oferta, y hasta los más grandes del patio están sintiendo el golpe.
Esta situación no es un simple capricho; es un síntoma de un problema más grande que afecta a todo el ecosistema tecnológico. Google es un ‘hiperescalador’, una empresa con una infraestructura de nube masiva que sirve a miles de clientes a nivel global. Que ellos mismos se vean en la necesidad de limitar el acceso a Gemini, incluso después de invertir cientos de miles de millones de dólares en chips y centros de datos, demuestra que la fiebre por la IA es tan brutal que ni con todo ese dineral se dan abasto. La escasez de capacidad de cómputo es el ‘cuello de botella’ actual, y de ahí se desprenden otras complicaciones, como la ya conocida crisis de las memorias DRAM, que también nos tiene a todos en un ‘corre-corre’.
Para Meta, esta situación es un verdadero dolor de cabeza. Según los chismosos del Financial Times, los modelos Gemini de Google estaban rindiendo ‘un viaje de’ mejor que los propios modelos Llama de Mark Zuckerberg. Meta estaba usando Gemini para tareas súper importantes, como la moderación de contenido sensible, la detección de fraudes, la atención al cliente con chatbots y hasta para facilitar vainas de programación. Aunque Meta está metiendo un ‘dineral’ para construir su propia infraestructura de IA, incluyendo centros de datos del tamaño de una ciudad, la realidad es que no tienen un negocio de nube consolidado como Google Cloud, AWS de Amazon o Azure de Microsoft. Esto los deja más dependientes de terceros para esa capacidad de cómputo tan valiosa.
Aquí la ‘gallina de los huevos de oro’ no es necesariamente la IA per se, sino la infraestructura que la hace posible: el negocio de la nube. Mientras algunas empresas que desarrollan modelos de IA, como OpenAI, están perdiendo una barbaridad de dinero, los que alquilan la infraestructura, como Google, Amazon y Microsoft, están haciendo su agosto. Google Cloud, por ejemplo, reportó ingresos récord en el primer trimestre del año, con 20 mil millones de dólares, un aumento del 63% con respecto al año anterior. Y lo más ‘bacano’ es que Sundar Pichai, CEO de Google, dejó claro que esos números hubieran sido incluso más altos si no fuera por las limitaciones de cómputo.
Esto nos dice que la ‘fiesta’ de los centros de datos apenas está empezando y no tiene pinta de que se vaya a parar pronto. Google incluso está soltando un ‘tatao’ de dinero, 920 millones de dólares al mes, a SpaceX para usar su infraestructura y así poder manejar la demanda. Así que prepárense, que el ‘tigueraje’ de la IA seguirá creciendo y, por ende, la demanda de esos chips y memorias RAM seguirá calentando el ambiente. Los gigantes tecnológicos están en una carrera sin fin, invirtiendo miles de millones para no quedarse atrás en esta nueva era.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




