¡Klk con la gente de Elías Piña! La comunidad de esta provincia, que ya de por sí vive al pie del cañón en la frontera, ha levantado la voz por una situación que está más rara que un billete de cien pesos con dos caras. Resulta que, tras la visita del director del Servicio Nacional de Salud (SNS), Mario Lama, al hospital local, la gente denunció un tigueraje y unas irregularidades que tienen a todo el mundo con la boca abierta. El centro de la vaina es el director del hospital, el doctor Montero, a quien, asegún cuentan, le están metiendo presión para que renuncie, ¿y por qué? Porque tuvo la decencia de cuestionar una factura eléctrica que, de un día para otro, ¡apareció en 558 mil pesos por una supuesta reparación mínima! Eso sí que es un descaro, ¿o no?
Este coro no es de ahora. La comunidad, que le conoce el manejo al doctor Montero, lo defiende a capa y espada, resaltando su seriedad y transparencia, porque el hombre se ha negado a pagar facturas que huelen a “coco con pollo” por lo abultadas. Mientras esto pasa, y aquí es donde la situación se pone más jevi, el hospital sufre por una escasez de personal que es de locos: no hay suficientes enfermeros ni médicos especialistas, una carencia que se arrastra desde hace un tiempo. Parece que el sistema, en vez de asegurar que haya manos que curen, está más enredado en otro tipo de prioridades, que al final solo perjudican al dominicano de a pie.
La verdad es que en la República Dominicana, lamentablemente, no es un secreto que las instituciones públicas a menudo se convierten en nichos de empleos para el personal político, desvirtuando su misión esencial. En el caso del hospital de Elías Piña, se denuncia que la encargada de área, la doctora Elsa Fortuna, tiene a siete personas contratadas que, según el pueblo, están más dedicadas a la labor partidista que a fortalecer los servicios de salud que la gente necesita. Este manejo político de la salud es una vaina que le rompe el alma a cualquiera, especialmente en zonas tan vulnerables donde cada vida cuenta.
La situación en la frontera con Haití siempre ha sido compleja. Las provincias como Elías Piña enfrentan desafíos socioeconómicos únicos, y el acceso a servicios de salud de calidad es crucial para su desarrollo y estabilidad. Cuando los recursos destinados a la salud se desvían o se utilizan para fines ajenos a su propósito, se agudizan las carencias y la gente queda desamparada. La falta de especialistas es un grito en el desierto para muchos pacientes que tienen que viajar un viaje de kilómetros a la capital o a otras provincias para recibir atención que debería estar disponible en su propia comunidad.
Los comunitarios han hecho un llamado directo, bien claro, a las autoridades del SNS para que no permitan que el doctor Montero, un hombre de bien, sea sacado del cargo. En vez de eso, piden que se enfoquen de una vez en nombrar el personal de apoyo y los especialistas que el hospital necesita con urgencia para poder dar un servicio bacano. Es hora de que la gobernadora y el senador de la provincia, que ya están al tanto de este relajo, tomen cartas en el asunto y demuestren que el bienestar del pueblo está por encima de cualquier guiso político.
Esta denuncia no es solo sobre una factura o un director; es un reflejo de la necesidad de una gestión más transparente y ética en la administración pública dominicana. Los fondos destinados a la salud son sagrados y no deberían ser objeto de malversación o de presiones políticas que pongan en riesgo la vida de los ciudadanos. La gente de Elías Piña no está pidiendo un favor; está exigiendo un derecho fundamental y la justicia que les corresponde. Esperamos que esta denuncia no quede en el aire y que las autoridades pongan los puntos sobre las íes de una vez por todas.
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