La psiquiatra dominicana Alexandra Hichez ha puesto sobre la mesa una ‘vaina’ de esas que nos hacen pensar un viaje: la eutanasia. A raíz del sonado caso de Noelia Castillo en España, Hichez explicó que los pacientes que buscan esta salida extrema lo hacen por un sufrimiento físico y mental que ya no aguanta más. Es como decir: ‘Yo me quiero morir, pero no me quiero matar’, una delegación de la responsabilidad que, asegún ella, es común en países donde la eutanasia es legal. Aquí, el tema es un tabú.
Esta conversación sobre la eutanasia, un tema tan delicado y polarizante, cobra especial relevancia al entender la perspectiva que la doctora Hichez compartió. Para ella, no es solo el deseo de finalizar la vida, sino una búsqueda desesperada por cortar un dolor que se vuelve insoportable. En nuestra cultura, donde la fe y la esperanza son pilares, enfrentar un escenario así puede ser un ‘disparate’ para muchos, pero la realidad de un sufrimiento crónico es un peso que nadie debería subestimar. La doctora citó el ejemplo de Holanda, donde cerca de diez mil personas accedieron a este derecho en 2025, la mayoría con enfermedades crónicas graves y, un número considerable, por padecimientos de salud mental. ¡Eso es un ‘tigueraje’ de números que da que pensar!
El dolor emocional, esa ‘vaina’ que no se ve pero se siente hasta los huesos, es un factor determinante en estas decisiones. Hichez enfatizó que es imposible medir la magnitud de ese sufrimiento interno, pero es precisamente lo que impulsa a las personas a buscar un ‘finiquito’ a su padecimiento. El sentimiento de ser una carga para sus seres queridos también pesa mucho. En nuestra sociedad, donde el apoyo familiar es clave, imaginen el nivel de desesperación para llegar a esa conclusión. Es una señal clara de la necesidad imperante de fortalecer los servicios de salud mental en el país, para que la gente tenga alternativas y no vea solo una salida.
El caso de Noelia Castillo es un ejemplo ‘crudo’ de esta realidad. Esta joven española, parapléjica tras un intento de suicidio y con un historial de agresión sexual múltiple, padecía de trastornos como TOC y TLP. Describía su vida como un calvario sin ‘metas ni proyectos’. Su lucha judicial por una muerte digna duró 601 días, una ‘brega’ que enfrentó la oposición de su propio padre y organizaciones que argumentaban su incapacidad mental. Finalmente, la justicia española y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avalaron su derecho, marcando un precedente significativo.
Mientras en Europa se avanza en la legislación de la eutanasia, en la República Dominicana la discusión está aún en pañales. Aquí, la visión predominante es que solo Dios quita la vida. Sin embargo, ¿podemos ignorar el sufrimiento extremo y las condiciones mentales que llevan a estas decisiones? Es fundamental que como sociedad empecemos a tener un coro más abierto sobre la muerte digna y el apoyo a la salud mental, sin prejuicios ni tabúes. No se trata de promover algo, sino de entender una realidad que, aunque lejos, tarde o temprano podría tocarnos la puerta. Es hora de hablar con seriedad de estas ‘vainas’ difíciles.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



