La Federación Dominicana por los Derechos de los Animales (FEDDA) ha puesto el grito en el cielo, ¡y con razón!, ante la ‘vaina’ que se armó en el matadero de Nagua. La noticia del cruel sacrificio de cerdos ‘a palos’, tras ser decomisados por falta de documentación, ha encendido todas las alarmas. Este suceso, donde al menos diez animales fueron ultimados de forma bárbara, no solo indigna, sino que pone en entredicho los protocolos de bioseguridad y bienestar animal en nuestra República Dominicana. La Policía Nacional, actuando ‘de una vez’ con su Unidad de Protección Animal y DICRIM, apresó a los responsables, quienes, ‘asegún’ sus declaraciones, seguían órdenes de un inspector de ganadería.
Este incidente no es un simple descuido; representa una cruda violación de la Ley 248-12 sobre Protección Animal y Tenencia Responsable. Esta normativa busca evitar el ‘tigueraje’ y garantizar un trato digno a los animales, sancionando la crueldad. El hecho de involucrar a figuras de autoridad lo hace aún más preocupante. La creciente conciencia dominicana sobre el bienestar animal exige que las instituciones cumplan su deber, más allá de lo que digan los papeles.
Más allá de la crueldad, la falta de bioseguridad en estos procedimientos es una ‘vaina’ seria. Aún recordamos el ‘viaje de’ pérdidas económicas que nos dejó el brote de Peste Porcina Africana (PPA) hace unos años. Si el Ministerio de Agricultura ha implementado acuerdos internacionales para fortalecer la bioseguridad porcina, ¿cómo es posible que un matadero municipal actúe sin supervisión y con métodos tan arcaicos? Esto levanta un ‘bulto’ de desconfianza sobre los controles internos.
Los mataderos municipales, pilares de la cadena alimentaria, deben operar bajo estrictos estándares técnicos, sanitarios y éticos. La responsabilidad recae en ellos y en las autoridades fiscalizadoras. La pregunta de FEDDA resuena: ¿dónde están los organismos que garantizan el trato digno y controlado de los animales bajo custodia estatal? Parece que el sistema ‘está de lo más bien’ en teoría, pero en la práctica, la cosa cambia.
Este suceso en Nagua, aunque local, tiene implicaciones mayores. Nuestro país busca fortalecer su posición en mercados internacionales y cumplir compromisos globales de sanidad animal. Incidencias como esta pueden dañar nuestra imagen y generar cuestionamientos sobre la calidad de nuestros productos. La transparencia y el rigor no son opcionales; son fundamentales para la credibilidad dominicana.
Por todo esto, FEDDA exige una investigación a fondo, identificando y sancionando a todos los culpables. Es imprescindible que el Ministerio de Agricultura audite todos los mataderos municipales del país. La presencia obligatoria de supervisión veterinaria certificada en cada decomiso y sacrificio es urgente. No podemos permitir que la vida animal bajo custodia del Estado sea manejada con improvisación o procedimientos que generen dudas sobre su legalidad y ética. Esto no es solo una preocupación animal; es una cuestión de salud pública y de respeto por la ley.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




