La situación que atraviesa Anabel Díaz es, sin duda, un ‘klk’ que nos tiene a todos con el corazón en la boca, una vaina que nadie debería vivir. Esta joven, en un grito desesperado que ha resonado en cada rincón del país, denuncia que su pareja, identificado solo como ‘Keka’, la tiene amenazada de muerte y con un viaje de golpes encima. Lo más ‘heavy’ de esta película es que, asegún Anabel, el Sistema Judicial dominicano le ha dado la espalda, dejándola en la calle y a merced de su agresor, como si la justicia aquí fuera un relajo o un coro para el que tiene cuartos.
El calvario de Anabel no es un caso aislado, sino un reflejo del viacrucis que muchas mujeres dominicanas enfrentan a diario. Con la triste historia de Esmeralda Moronta todavía fresca en la mente de ‘to’ el mundo’, donde una mujer fue asesinada a tiros tras buscar ayuda en la fiscalía, el miedo y la indignación se apoderan de la gente. Aquí hay un problema serio con la protección a las víctimas de violencia de género, un ‘tigueraje’ que permite que los agresores anden como si nada mientras las víctimas viven con el alma en un hilo, buscando apoyo hasta por redes sociales ante la falta de una respuesta contundente de las autoridades.
Anabel ha tenido la valentía de usar sus redes como altavoz, compartiendo videos y mensajes que evidencian el infierno que vive. ¡Imagínate la desesperación de una persona para llegar a ese extremo! Es una ‘chercha’ que se torna amarga ver cómo un sistema que debería protegerte, te deja a la deriva, y cómo hay gente que, alegadamente, hasta la presiona para que retire las denuncias. ¡Esa vaina no puede ser! Lo que Anabel busca no es venganza, sino una oportunidad para seguir con vida y proteger a sus hijos, una tranquilidad que el Estado, se supone, le debe garantizar.
La ineficiencia del Sistema Judicial en estos casos es una deuda social que tenemos que saldar. No es posible que, teniendo todas las pruebas en la mano, con videos, mensajes y el testimonio de una víctima que implora ayuda, los procesos se dilaten o se caigan en un agujero negro. El ‘tigueraje’ de algunos agresores, que se valen de influencias o recursos para evadir la justicia, pone en jaque la credibilidad de nuestras instituciones y perpetúa un ciclo de violencia que nos cuesta vidas. Ya está bueno de esperar que las cosas pasen para entonces lamentarlas.
La sociedad dominicana debe unirse en un solo coro para exigir a las autoridades que actúen con la seriedad y la prontitud que estos casos ameritan. No podemos permitir que el grito de ‘¿Van a esperar que me maten?’ se convierta en una trágica realidad una y otra vez. Es hora de que el ‘Gobierno’ y los encargados de la ‘Justicia’ pongan fin a este ‘relajo’ y garanticen la ‘Seguridad’ de nuestras mujeres. Nadie merece vivir con miedo, y mucho menos por la negligencia de quienes tienen el deber de protegernos. ¡Ya basta de esa vaina!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




