¡Atención, mi gente! Un reciente informe de la encuesta Enhogar-2025 nos ha dado un golpe bajo, revelando una vaina que nos tiene que poner a pensar a todos. Asegún este estudio, un preocupante 57% de nuestros niños y niñas dominicanos, específicamente los de 5 a 9 años, fueron sometidos a algún tipo de castigo físico o psicológico el mes anterior a la entrevista. Y no solo ellos, señores: el 36.4% de los más chiquitos, de 1 a 2 años, y casi la mitad (49.5%) de los de 3 a 4 años, también recibieron su ‘pela’ o su ‘jalón de orejas’ emocional. Esta es una realidad dura sobre el Castigo Infantil en nuestros hogares que no podemos ignorar.
La verdad es que, aunque muchos lo ven como una forma de disciplina ‘de antes’, la Organización Mundial de la Salud (OMS) es clara: el castigo físico y psicológico lo que hace es un daño tremendo. No solo afecta la salud física y mental de los muchachos, sino que, a la larga, les crea más problemas de conducta. O sea, estamos haciendo lo contrario de lo que queremos. Y no es solo una cuestión de salud, klk. Aquí en nuestra tierra, tenemos la Ley 136-03, nuestro Código para el Sistema de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, que en su artículo 396 sanciona claramente estos golpes y maltratos psicológicos. Así que, no es solo una recomendación, es una ley que debemos respetar y hacer valer.
El estudio de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) nos detalla bien cuáles son estas formas de agresión. El castigo físico abarca desde sacudir al niño, darle bofetadas en cualquier parte del cuerpo, golpes con objetos o las manos en las nalgas, hasta los más severos como golpes en la cara, cabeza u orejas. Pero ojo, que la agresión psicológica es igual de seria. Gritarles, alzarles la voz, o peor aún, llamarlos con nombres ofensivos como ‘tonto’ o ‘vago’, deja cicatrices que no se ven, pero duelen un viaje. Es importante que como padres y cuidadores estemos conscientes de estas definiciones para poder identificar cuándo estamos cruzando la línea.
Una de las vainas que más llama la atención del Enhogar-2025 es cómo este problema se intensifica en ciertas áreas y grupos. Por ejemplo, en nuestras zonas rurales, el 56.6% de los niños sufren violencia, un poquito más que en las zonas urbanas (54.3%). Y si hablamos de pobreza, la cosa se pone más fea: en los hogares más pobres, el 60.3% de los niños viven esta realidad, mientras que en los más ricos es un 41.4%. Esto nos da a entender que el estrés, la falta de recursos y, muchas veces, la escasez de oportunidades educativas, pueden influir en las prácticas disciplinarias de algunos padres.
El nivel de escolaridad de los padres o cuidadores también juega un papel crucial. La encuesta demuestra que mientras mayor es el nivel de instrucción de la madre, menor es la incidencia de agresión como método de disciplina. Si el tutor solo tiene nivel preescolar, la violencia ronda el 56.1%, pero si es universitario, baja al 51.4%. Aunque la diferencia no es abismal, sí indica una tendencia. Esto sugiere que la educación y el acceso a información sobre métodos de crianza positiva pueden ser herramientas poderosas para romper este ciclo de violencia. La cultura de la ‘chancleta’ o el ‘galletazo’ como única opción de control debe ser cosa del pasado, porque a la verdad, nuestros niños merecen algo mucho mejor que eso.
Es fundamental que como sociedad dominicana hagamos un coro para promover estilos de crianza que fomenten el respeto, la comunicación y el desarrollo integral de nuestros hijos. Existen muchas alternativas no violentas para disciplinar, como el tiempo fuera, el establecimiento de límites claros y consistentes, y el refuerzo positivo. Estas herramientas no solo son más efectivas a largo plazo, sino que también construyen una relación de confianza y afecto entre padres e hijos. Dejar atrás la costumbre de la ‘pela’ no es fácil, pero es un paso necesario para asegurar que la próxima generación crezca en un ambiente de amor y seguridad, sin el miedo constante al castigo. Es hora de actuar, mi gente, por el bienestar de nuestros pequeños.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




