El Gran Santo Domingo se ha visto envuelto en un ‘desbarajuste’ que nadie esperaba, cortesía de las intensas **lluvias** y vientos huracanados que azotaron la semana pasada. La ciudad, que muchas veces aguanta lo que sea, esta vez quedó ‘en la lona’ con un panorama desolador: calles bloqueadas por un viaje de árboles caídos, cables eléctricos guindando como espaguetis y aceras intransitables. La ‘vaina’ fue tan seria que hasta ahora, días después, las secuelas siguen ahí, dándonos de qué hablar por doquier.
De una vez, se activó un ‘coro’ de brigadas que andan fajadas dándole pecho a la situación. Los bomberos del Distrito Nacional, junto a los equipos del Ayuntamiento, no han parado de trabajar, picando troncos gigantes y despejando vías vitales como el Paseo de los Médicos y en la Ciudad Colonial, por la calle Arzobispo Portes. Es un ‘tigueraje’ de trabajo en equipo que también incluye a empresas como Claro Dominicana, quienes están de lo más bien tratando de restablecer la comunicación y la luz que tanto extrañan los residentes de esas zonas.
El impacto no solo se ha visto en el ornato público, sino que algunas estructuras importantes también sufrieron lo suyo. Por ejemplo, el Hotel Mirage en Gazcue, una edificación conocida, vio parte de sus plafones ceder ante la furia del viento. Y aunque el ‘klk’ en las redes sociales reportaba desprendimientos mayores en el Malecón Center, parece que solo fue un susto y ya han retirado los escombros. Estas afectaciones nos recuerdan la vulnerabilidad de nuestra infraestructura ante fenómenos meteorológicos cada vez más impredecibles, una realidad que nos ha pegado ‘duro’ en el pasado con otros ciclones.
Para un viaje de gente, el golpe más ‘jevi’ ha sido la falta de electricidad. Desde el mismo lunes, muchos hogares y negocios se quedaron ‘sin luz’, una situación que hoy día, con la dependencia que tenemos de la tecnología, se siente como volver a la prehistoria. Esto no solo afecta la comodidad, sino que impacta directamente la productividad y el bolsillo de los pequeños comerciantes, quienes no pueden operar sus negocios. Es un llamado de atención sobre la urgencia de modernizar nuestra red eléctrica y soterrar el cableado, como se ha propuesto tantas veces.
Este ‘desbarajuste’ nos invita a reflexionar sobre la planificación urbana y la resiliencia de nuestra ciudad. ¿Estamos realmente preparados para los embates del cambio climático? La poda preventiva de árboles, el mantenimiento de los drenajes y una infraestructura más robusta no son un lujo, sino una necesidad ‘asegurao’ para evitar que cada aguacero se convierta en una emergencia nacional. Es fundamental que las autoridades, junto a la ciudadanía, impulsen políticas que garanticen una capital más segura y funcional, sin que se repita esta ‘vaina’ cada vez que llueva fuerte.
Al final, lo que siempre prevalece es el espíritu ‘echao’ p’alante’ del dominicano. A pesar de los inconvenientes y la ‘chercha’ que siempre se hace, la gente se ayuda, se levanta y sigue pa’lante. Pero no podemos quedarnos solo con la resiliencia; debemos exigir y trabajar por soluciones duraderas. Que este evento nos sirva para aprender y para que el Gran Santo Domingo esté verdaderamente preparado para lo que venga.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




