¡Mi gente! En la carrera global por la soberanía tecnológica, España ha decidido ponerle ‘ganas’ y meterle una inversión de 719 millones de euros para construir lo que llaman una «Gigafactoría de Inteligencia Artificial». Esto, según el Gobierno, es un paso clave para no quedarnos atrás. La idea es establecer un centro potente entre Madrid y Tarragona, buscando su tajada en el pastel que la Comisión Europea está poniendo con sus 20,000 millones de euros para proyectos de IA. Es una buena iniciativa, pero cuando uno se pone a ver los números a nivel mundial, esos 719 millones, aunque un ‘plataje’ para España, se ven como un ‘moñito’ al lado de lo que mueven los ‘tigueres’ grandes de por ahí.
La Unión Europea tiene claro que no quiere depender eternamente de la infraestructura de terceros países. Por eso, han estado empujando la creación de estas ‘AI Factories’ y España no está de lo más mal en este ‘coro’. Ya contamos con el MareNostrum 5, una instalación de referencia dentro del consorcio EuroHPC. Este nuevo proyecto, con ubicaciones en Móra la Nova y San Fernando de Henares, busca fortalecer esa red, posicionando a España en el mapa de la IA. Es ‘bacano’, pero la ‘vaina’ es que todavía hay un sinfín de incógnitas sobre cómo se va a gestionar esto, quiénes van a ser los socios y, sobre todo, quiénes tendrán acceso real a esta infraestructura.
Cuando uno sale del charco europeo y mira el panorama global, la brecha es ‘grandota’. En Estados Unidos, la inversión privada en centros de datos para IA ya alcanzó los 45,700 millones de dólares en 2025. Las ‘Big Tech’ gringas planean gastar un ‘viaje de’ 673,000 millones de dólares en 2026. ¡Eso es una ‘chercha’! China, por su parte, no se queda atrás, con un plan quinquenal de 295,000 millones de dólares. Si comparamos la inversión per cápita, China invierte cerca de 14 veces más que España. Ahí uno ve que el ‘bulto’ de la inversión española, aunque importante a nivel local, es apenas un ‘pestañeo’ en el contexto global de la Inteligencia Artificial.
Y es que, ‘asegún’ la idea es buscar la soberanía tecnológica, pero la realidad es otra ‘vaina’. Podemos tener la Gigafactoría aquí mismo en el patio, pero los chips que le darán vida a esos centros de datos seguirán viniendo de Nvidia, fabricados por TSMC en Taiwán. Europa y España están haciendo sus esfuerzos para intentar disminuir esa dependencia, eso nadie lo duda, pero es una verdad aplastante: seguimos bien amarrados a estas grandes empresas y no parece que eso vaya a cambiar ‘de una vez’ ni a corto ni a mediano plazo. Es como querer correr un maratón con zapatos prestados, ¡es complicado el ‘tigueraje’!
Otra cosa que hay que aclarar es quién tendrá acceso a esta Gigafactoría. No es que cualquiera se va a poder conectar como si fuera un Chat GPT. Como pasa con el MareNostrum 5, este tipo de instalaciones están pensadas para investigadores, la industria, pequeñas y medianas empresas, y startups. Tienes que justificar bien por qué necesitas esos recursos y pasar por un proceso burocrático, una ‘fila’ que garantiza que se usen de manera eficiente y para fines específicos. Así que si pensabas que esto era para que el ‘pueblo’ jugara con una supercomputadora, ¡olvídate de esa ‘chercha’!
Finalmente, este anuncio, aunque ‘chulo’ y prometedor, es de momento más una promesa que una realidad concreta. No hay fechas claras de ejecución ni detalles específicos. En muchas ocasiones, tanto en Europa como aquí, parece más importante el discurso y la ‘parlatanería’ que la acción. Esperemos, de corazón, que esta inversión no se quede en la ‘chercha’ y se convierta en una infraestructura real y funcional que de verdad impulse nuestra posición en el ámbito de la Inteligencia Artificial. La intención es buena, ahora solo falta que el ‘cuero’ dé y la ‘cosa’ se haga bien.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



