El Defensor del Pueblo, Pablo Ulloa, no se anduvo con rodeos al señalar que la sociedad dominicana, quizás ‘cogiendo fresco’ de más, ‘se durmió’ y desaprovechó el año crucial que se otorgó para estudiar a fondo el nuevo Código Penal antes de su entrada en vigencia. Esta nueva pieza legal, que tanto ha dado de qué hablar, se esperaba que el pueblo la desmenuzara con lupa, pero asegura que ‘la vaina’ no fue así y que el pueblo no lo tomó con la seriedad debida.
No es un secreto para nadie que la República Dominicana llevaba un viaje de años arrastrando un Código Penal del siglo XIX, una legislación que ya no se ajustaba a los desafíos de los tiempos modernos y que resultaba obsoleta para enfrentar la criminalidad actual. La aprobación de este nuevo cuerpo legal fue un verdadero parto legislativo, con debates encendidos y múltiples intentos que vieron la luz y la sombra en el Congreso, reflejando las complejidades de nuestra sociedad. Por eso, la insistencia de Ulloa en la importancia de la participación ciudadana no es de relajo; se trata de entender las bases sobre las que se asienta nuestra justicia.
Ulloa fue bien claro al destacar que, aunque durante la génesis del Código sí hubo consultas con diversos sectores de la vida nacional, la redacción final fue una potestad soberana y exclusiva del Congreso Nacional. Sin embargo, la parte que le ‘pica’ es que, una vez aprobado con un año de gracia para su estudio y análisis, los gremios profesionales —como el Colegio Dominicano de Periodistas, el Colegio Médico o los de ingenieros— no asumieron con la fuerza que se esperaba su rol de análisis y difusión. ‘Esa gente’ tenía una responsabilidad tremenda de guiar a sus miembros y, por extensión, a la sociedad, en la comprensión de los cambios que traería consigo esta nueva normativa.
La falta de un análisis profundo por parte de estos sectores y del público en general deja un vacío peligroso en el entendimiento de las leyes que nos rigen. Cuando el pueblo no comprende el alcance de sus propias leyes, ‘la vaina’ se pone fea para todos, y se abre la puerta a la desinformación y la desconfianza. Artículos específicos, como los relacionados con la difamación e injuria, han encendido alarmas entre periodistas y defensores de la libertad de expresión, provocando un ‘coro’ de críticas que, según Ulloa, se pudieron haber canalizado mejor si el ‘tigueraje’ de la sociedad hubiese estado más activo y vigilante durante ese importante período de gracia.
El Defensor del Pueblo aplaudió, como es debido, a los medios de comunicación que sí se montaron en el carro y promovieron el debate, facilitando la comprensión de esta legislación y dando voz a las distintas posturas. Es un recordatorio palpable de que, si bien el Congreso tiene la última palabra en la creación de las leyes, la ciudadanía organizada debe estar siempre ‘con los cinco sentidos’ puestos en lo que se cuece en el ámbito legislativo. La lección está clara: para la próxima ‘vaina’ de esta magnitud que impacte a toda la nación, no podemos ‘dormirnos’ y dejar que nos sorprendan las consecuencias, sino que debemos ser proactivos y responsables.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




