¡Ay, mi gente! El ‘KlK’ con la Carretera Padre Las Casas a Constanza tiene a la gente del centro del país con el grito al cielo, y no es para menos. En enero de 2022, el entonces ministro de Obras Públicas, Deligne Ascención, soltó la noticia ‘bacana’ de que se invertirían 400 millones de pesos para arreglar ese tramo vital. Un ‘coro’ de más de veinte comunidades en la Cordillera Central lo celebró de una vez. Pero, ¿qué pasó? Cero patatero. Cuatro años después, el anuncio se ha quedado en papel, sin un chele asignado en el Presupuesto General del Estado ni mucho menos licitado.
La verdad es que el recorrido por esos 27 kilómetros, desde El Tetero hasta Constanza, es una verdadera odisea, un ‘viaje de’ peligro. Derrumbes, pedregales que rompen la guagua y precipicios que no perdonan, hacen de este trayecto una ruta de terror. Si te agarra un aguacero, olvídate de cruzar; las cañadas se crecen y te dejan varado. Esta situación es un obstáculo directo para el progreso y la seguridad de miles de dominicanos de esas lomas, afectando su acceso a servicios y oportunidades.
La importancia de esta vía va más allá de un simple atajo; es un cordón umbilical que une al Cibao con el Sur. Históricamente, estas comunidades de Azua, por su cercanía, han mantenido un vínculo cultural y comercial estrecho con Constanza, al punto de que muchos de sus habitantes hasta hablan con la ‘i’ del Cibao, ¡un jevi! Imagínense, antes tenían que darle la vuelta por Santo Domingo para llegar a Santiago, o echaban un día completo a caballo. Completar esta conexión es darle dignidad a nuestra gente, acercar familias y fortalecer nuestra identidad.
Un camino decente significaría un impulso ‘chulo’ para el turismo comunitario, permitiendo que la belleza de la Cordillera Central sea accesible. Además, facilitaría la salida de los productos agrícolas, la sangre de estas tierras. Desde papas y zanahorias hasta aguacates y café, ‘un viaje de’ cosechas se quedan esperando o se pierden por la dificultad del transporte. Esto generaría riqueza y empleo, combatiendo la migración interna. Es una inversión que, sin duda, rendiría frutos ‘de lo más bien’.
Pero la vaina no termina ahí. En Los Fríos, donde supuestamente se hicieron trabajos, la obra quedó a medio palo. El director municipal, Andrés Aybar, y los residentes denuncian que no se construyó un puente sobre el río Las Lajas ni se pusieron las alcantarillas en una cañada, provocando que el agua se meta en las casas cuando llueve. ‘Aquí es un caos’, ‘cuando cae un aguacero fuerte’, es el lamento. Niños sin poder ir a la escuela, familias durmiendo con un ojo abierto por el miedo al desborde; ¡es un ‘tigueraje’ de promesas rotas que afecta la vida de nuestra gente!
El colmo es el dilema con Medio Ambiente. Según Wilkin de la Cruz, director municipal de Las Lagunas, cada vez que quieren darle una ‘manito de gato’ al tramo entre El Tetero y el puente Yaquecillo, el más ‘jevi’, Medio Ambiente se opone, dique porque es un área protegida. ¡Pero la gente no está tumbando árboles ni abriendo trochas, solo quieren acondicionar un camino que ya existe! Es una chercha que, mientras se discute la burocracia, la vida de los campesinos se sigue poniendo en riesgo. Hay que encontrar un equilibrio entre la conservación y las necesidades apremiantes de las comunidades.
El historial de reclamos es largo, con cadenas humanas y peticiones directas al Presidente. La gente está cansada de comunicados y compromisos que se quedan en el aire. Es hora de que el Gobierno se ponga las pilas y cumpla con esta obra tan esperada. Es más que cemento y asfalto; es esperanza, desarrollo y justicia social para los dominicanos de la Cordillera Central. ¡Que esta ‘vaina’ de la carretera se resuelva de una vez por todas, que nuestra gente se lo merece!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



