La capital dominicana es, una vez más, escenario de una protesta que le toca el alma a cualquiera. Desde hace días, la comunidad ciega y sus aliados se han plantado frente al Palacio Nacional en una jornada indefinida, ¡y esto no es relajo! Exigen a las autoridades una solución seria y con base legal para reabrir el Centro de Capacitación para Ciegos (CECAPCI) de Santiago, una institución que lleva cuatro meses con las puertas cerradas, dejando a un viaje de personas con discapacidad visual en el aire. No es solo un centro; es un faro de esperanza y desarrollo para muchos en el Cibao, y que esté en esta situación es una verdadera pena, una vaina que nos debería doler a todos.
El meollo de esta situación viene por el deterioro estructural grave del local donde operaba el CECAPCI, que, asegún los que saben, estaba al borde del colapso. Esto forzó su cierre urgente, y desde entonces, la comunidad educativa, que incluye a personas con discapacidad visual, estudiantes y padres de niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), está pidiendo que se coja para eso. La directora del centro, Ana García, ha sido clara como el agua: la propuesta oficial del Ministerio de Educación, que incluye un alquiler por un año y la promesa de incluir el centro en el presupuesto para 2027, no tiene los hierros legales necesarios. ¿Y cómo uno va a darle mente a algo que no garantiza la estabilidad futura del centro? ¡Esa es la pregunta del millón!
La insistencia en un acuerdo con garantías legales no es capricho, es una necesidad vital. La Ley 122-05, que rige las asociaciones sin fines de lucro, limita el uso de fondos en gastos administrativos, lo que complica la cobertura del alquiler con recursos estatales bajo el esquema propuesto. Además, trasladar fondos desde el CONADIS al Ministerio de Educación y luego al CECAPCI implica un proceso burocrático que atraviesa varias instituciones, incluyendo la Dirección General de Presupuesto y el mismísimo Congreso Nacional. Decir que se va a hacer algo que depende de tantas manos es como querer tapar el sol con un dedo. La gente del CECAPCI lo que busca es algo que esté bien amarrado, no promesas al garete.
Este cierre no es una estadística fría; tiene un impacto directo y doloroso en la vida de muchas familias. Los manifestantes han denunciado retrocesos significativos en el aprendizaje, dificultades en el desarrollo del lenguaje y la interrupción de terapias especializadas. Algunos padres han recibido la dura noticia de que sus hijos podrían repetir el año escolar, una situación que rompe el corazón. Esto subraya la importancia crítica del CECAPCI, el único centro en toda la región del Cibao que ofrece atención integral gratuita para personas con discapacidad visual, desde evaluaciones psicológicas hasta programas de inclusión educativa. Perder esto es un golpe bajo al derecho fundamental a la educación y a la inclusión de los dominicanos más vulnerables.
La falta de un convenio formal, a pesar de supuestos avances, es la chispa que encendió esta protesta. La directora García desmintió de una vez las versiones oficiales que hablaban de negociaciones encaminadas, asegurando que si hubiese un acuerdo concreto, ellos no estuvieran pasando este trabajo en el Palacio. La indignación crece porque, asegún ellos, después de una reunión clave con el ministro de Educación en marzo donde se acordó apoyo, ¡se presentó una nueva propuesta que retrasa todo! Esta situación demuestra cómo la falta de cumplimiento o la modificación de acuerdos previos puede minar la confianza y alargar innecesariamente una crisis social. El tigueraje dominicano sabe que las cosas se resuelven con papeles firmados, no con un ‘coro’ de palabras.
Los manifestantes, que iniciaron con un grupo organizado de 20 personas, están claros: la protesta es indefinida y se mantendrá con relevos semanales. No importa que no sean ‘un viaje de gente’, su organización y determinación son la fuerza. Han jurado que no se irán de la entrada del Palacio Nacional hasta obtener una respuesta que sea, según sus palabras, ‘concreta, formal y responsable’. Esta lucha es un recordatorio potente de que la inclusión y el apoyo a las personas con discapacidad no pueden quedarse en el papel; necesitan acción y compromiso real de las autoridades. Es hora de que se pongan para lo suyo y resuelvan esta vaina de una vez por todas.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



