El comunicador Ricardo Nieves ha vuelto a encender las alarmas, expresando su frustración ante la persistente corrupción en cárceles dominicanas, donde agentes penitenciarios, ¡qué ‘vaina’!, insisten en hacer de ‘delivery’ para el bajo mundo. La reciente desvinculación de Félix Antonio Mateo Figuereo en Mao y Carmelina Bodre Guzmán en San Cristóbal, sorprendidos con drogas y celulares, es solo la punta del iceberg de un problema que, según Nieves, demuestra que muchos ‘no cogen cabeza’ ante las claras consecuencias.
Estos incidentes no son un caso aislado, sino más bien una constante que alimenta el ‘tigueraje’ y la criminalidad desde dentro de los recintos. Es un secreto a voces que la entrada de sustancias ilícitas y teléfonos móviles a los centros penitenciarios se ha convertido en un lucrativo ‘negocio’ para algunos, permitiendo que los reclusos sigan extorsionando, chantajeando y hasta organizando atracos de forma remota. Esta situación, señores, es un ‘relajo’ que debilita el sistema de justicia y pone en jaque la seguridad ciudadana.
La verdad es que la situación no es nueva. Desde hace años se ha intentado implementar sistemas para bloquear las señales de celular dentro de las cárceles, y figuras importantes como Radhamés Jiménez, Domínguez Brito y hasta la actual procuradora Miriam Germán, se han fajado con eso. Pero, ¿qué pasó? Nada. A nadie le extraña que estos esfuerzos queden en el aire, ya que la ‘vaina’ está tan arraigada que se ha tejido una red de complicidad donde los intereses económicos de algunos pesan más que la ley y el orden, un verdadero ‘bacano’ para los delincuentes y un pesar para la sociedad.
Ante este panorama, la postura firme de Roberto Santana, el titular de la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC), es un respiro. Su anuncio de desvincular y someter a la justicia a estos agentes es un mensaje claro: se acabó el ‘relajo’, aquí ‘se va a hacer lo que se dice’. Es crucial que este ‘tigueraje’ interno se erradique de una vez por todas, y que los que tienen la responsabilidad de custodiar, cumplan con su deber sin caer en la tentación del dinero fácil, porque al final del día, el pueblo es el que paga los platos rotos de esta corrupción en cárceles sin fin.
Esta patología de la corrupción en cárceles, según Nieves, ha penetrado hasta el ‘tuétano’ de algunas instituciones. No es solo un problema de agentes individuales, sino de una cultura que permite que este tipo de acciones persistan. Si no se ataca esta raíz, la República Dominicana seguirá viendo cómo sus centros de corrección, en lugar de rehabilitar, se convierten en centros de operación criminal. La sociedad dominicana clama por un cambio, por un sistema penitenciario donde la honestidad sea la norma y no la excepción, y donde la ‘chercha’ con la ley sea algo del pasado.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



