La Dirección General de Migración (DGM) ha soltado una ‘vaina’ gorda con su Resolución 001-2026, que ahora exige contratos formales para renovar los permisos laborales de extranjeros. Esta nueva norma migratoria ha puesto a un viaje de sectores en jaque, pues advierten un posible impacto negativo en áreas vitales como la construcción, la agricultura y el turismo, que dependen un mundo de la mano de obra foránea. No es para menos, porque esta medida trae un ‘tigueraje’ de reacciones por todos lados.
A pesar de que la DGM asegura que con esta resolución busca organizar y fortalecer la legislación vigente, la gente está con el ‘miedo en el cuerpo’ porque el contexto actual no es el más jevi. William Charpantier, coordinador de la Mesa Nacional para las Migraciones y los Refugiados, aunque respeta la legalidad, considera que esta vaina no resulta justa ni conveniente, y cree que va a generar un ‘quebradero de cabeza’ a nuestra economía, afectando incluso los derechos adquiridos de muchos trabajadores que ya estaban regularizados en procesos anteriores.
La República Dominicana siempre ha sido un receptor importante de mano de obra extranjera, especialmente de nuestros vecinos haitianos, en labores que son el esqueleto de nuestra producción. Desde los campos que nos dan los alimentos hasta la construcción que ‘va pa’ arriba’, la presencia de trabajadores de otros lares ha sido crucial. Sin embargo, los planes de regularización nunca han sido una ‘chercha’ fácil, dejando a muchos en la informalidad, y ahora, con esta exigencia de contratos formales, la situación se pone más difícil para todos, tanto para el trabajador como para el empleador.
Desde el sector agrícola, que vive de la mano de obra haitiana, la reacción es mixta. A los productores les parece bacano el orden, pero le ponen un ‘pero’ grande a la falta de flexibilidad. Gil Blas Martínez, presidente de Adobanano, explica que la DGM está lenta con los procesos de regularización y sin permisos, los productores tienen que contratar gente informal, lo que se convierte en un ‘lío’ y puede afectar la producción y, por ende, a nuestra economía. Piden un diálogo más profundo para que las políticas migratorias se ajusten a la realidad del campo.
La diáspora venezolana también anda con la ‘preocupación encima’. Aunque reconocen la buena intención de organizar el sistema laboral, ven las dificultades prácticas. Rafael Rodríguez y Alondra Arias mencionan los problemas para obtener documentos, la eliminación de la declaración jurada como prueba de ingresos y los retrasos burocráticos. Temen que estas nuevas exigencias limiten sus oportunidades. En contraste, la comunidad empresarial china, a través de Rosa NG, indica que sus empresas ya promueven la contratación de trabajadores con estatus legal, demostrando un buen ajuste a las normativas.
Al final, lo que todos los actores están pidiendo es que esta ‘chercha’ se resuelva con más diálogo y que las autoridades escuchen. Las políticas migratorias deben buscar un equilibrio entre el control necesario y la operatividad laboral que exige nuestra economía, para que el país no se nos ‘desbarate’. Porque la gente viene a buscarse la vida, y nosotros necesitamos que aporten sin que esto se convierta en un caos y una carga para el que genera empleos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




